El streaming: Cementerio de discográficas

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Esta foto no precisa de descripción alguna…

Históricamente, el modelo por el cual la música comenzó a considerarse un negocio, y por lo tanto un modelo de vida, se puede resumir en unas pocas lineas. Básicamente, consistía en que un individuo con ciertas dotes artísticas fuese de localidad en localidad, o de fiesta en fiesta, ofreciendo sus propias composiciones u otras ya conocidas por un determinado precio. Ese ha sido el negocio de la música desde el siglo VIII a.C., con una trayectoria histórica muy interesante, personajes como Píndaro, etc. y que ha permanecido idéntico hasta hace poco más de cuatrocientos años.

Sin embargo en las primeras décadas del siglo XVI, poco después de la llegada de la imprenta, se comenzaron a vender las primeras copias de partituras musicales. Ya en 1566, ante la popularización de este método, se promulgaron leyes al respecto y surgió la semilla del actual concepto de copyright, en el cual cada editor que quisiese publicar estas obras debía pagar a la Stationers’ Company de Londres cuatro peniques por canción. Poco a poco este modelo fue evolucionando, y lo que al principio no fue más que un sistema aplicado a los libros, paso a serlo también de la música, y los autores de las obras llegaban a vender los derechos de su obra a cambio de un precio fijo a su editor, independientemente de cuál fuese su éxito.

El copyright actual

Con el tiempo ese modelo inicial ha ido evolucionando hacia la situación actual, en la que una compañía discográfica, una mayor, se encarga de buscar artistas con talento con el objetivo de promocionarlos, alcanzar el máximo éxito posible y, por supuesto, lucrarse a costa de ello. Este procedimiento con el tiempo se podría decir que ha ido “degenerando”, pues a la vez que estas compañías eran cada vez más grandes, y a su vez se abrían más y más mercados, las ansias por producir éxitos y obtener los máximos beneficios posibles se dispararon. Se llegó a un punto en el que muchos de los artistas “independientes”, o menos mainstream, eran dejados de lado en favor de posibles productos comerciables con más probabilidades de triunfo. Se calcula que en su momento de máximo esplendor la música comercializada a través de estos medios sólo alcanzaba el 3% del total de la creación artística de la Historia: el resto no interesaba.

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Shawn Fanning, creador de Napster

Fue en Junio de 1999, con la creación de Napster (el primer programa P2P masivamente popularizado que permitía el intercambio de archivos musicales), cuando comenzó el fin de este modelo de negocio. Pese a los juicios celebrados y el cierre del servicio en 2002, no se ha conseguido evitar lo que se pretendía, que socialmente se extendiese el uso de las descargas ilegales, y peor, que fuesen moralmente aceptadas. Pese al apelativo de “piratas” con el que se denomina a los usuarios de estos servicios (una exageración en toda regla), es difícil encontrar algún individuo de las sociedades avanzadas menor de 40 años que no haya descargado, o disfrutado, algún producto descargado ilegalmente. No nos engañemos, las descargas llegaron para quedarse, y por mucho que las grandes compañías lo intenten, ya no se puede hacer nada para cambiarlo. Desde sistemas DRM, juicios o el poderoso lobby que intenta manipular nuestras leyes para favorecer sus bolsillos, ninguno de estos tres caminos está evitando el fenómeno.

¿Qué pasará entonces con las discográficas?

¿Es entonces el final de la música? Sí, lo será, el final de la música como la conocemos, o más bien, conocimos hasta hace unos años. El principal handicap para un usuario que se disponía a comprar música mediante el modelo tradicional es que tenía que comprar un CD en formato físico, por un precio que incluye los costes de producción, y con enormes restricciones a la hora de compartirlo, llevarlo en varios dispositivos, etc. La alternativa lógica a este modelo ha sido la iTunes Store, la tienda de música online más grande del mundo (propiedad de Apple Inc.) que vende cada una de sus canciones por un precio de 0,99€ y unas ventas anuales de varios miles de millones de dólares. Éste modelo de distribución sí que ha funcionado, hasta ahora. Las ventas en esta tienda han descendido el último trimestre por primera vez en su historia, pues nuevos servicios como Spotify, Rdio, Pandora, Grooveshark, Google Player, Xbox Music… ofrecen grandes catálogos de música en streaming, sin descargas ni grandes bibliotecas en tu ordenador, sólo una conexión a internet.

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Interfaz de usuario del servicio de streaming Spotify

¿Esto que implica para el negocio tradicional? De momento nada, porque casi todos los beneficios que se obtienen por estas compañías se ceden a las mayors por prestar “sus” derechos de autor.  Pero esto progresivamente cambiará, pues no tiene sentido ceder tus derechos a una discográfica para que “promocione” tu contenido globalmente, si es evidente que cada vez es mayor el número de artistas que se dan a conocer a través de Youtube o Soundhound sin gastar un sólo euro, para luego formar parte de los servicios de streaming mencionados y alcanzar un mercado de millones de usuarios. Entonces, ¿nos quedamos sin música?. Al contrario, tendremos acceso a más música que nunca, para todos los gustos y al alcance de un solo click. Supone una vuelta al modelo tradicional del negocio, donde el artista gana dinero en los directos o en las escuchas a sus canciones, sin intermediarios abusivos. Es por esto que, bajo mi punto de vista personal, el papel de las discográficas en la actualidad no aporta mucho valor, y con el tiempo se reducirá aún más.

El entorno literario

Antes de finalizar, una reflexión personal. Es cierto que las descargas ilegales están transformando el negocio de la música, yo creo que a mejor, sin afectar negativamente al principal actor de todo este proceso, el artista. Pero traslademos esta situación  a otro ámbito, por ejemplo el de la literatura. Si yo me descargo un libro, algo bastante factible hoy en día, evito que ese autor cobre por su obra, la doy difusión, sí, pero extrapolando el caso de la música de nuevo, cuando ese escritor viene a nuestra ciudad, no pagamos por verle. El único medio por el cual el escritor puede recibir una compensación económica por su trabajo es mediante la compra del libro, y si se realiza de forma ilegal, se queda en nada. ¿Entonces? ¿Peligra el negocio de la literatura? No lo sé, no sé hacia donde girará el mercado. Hay alternativas, como servicios de pago que ofrezcan la lectura de varios libros al mes, o la compra digital de dichos libros en Amazon, por ejemplo, pero, ¿hasta qué punto son eficientes?

Para más información, este libro: “Todo va a cambiar” por Enrique Dans

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2 comentarios en “El streaming: Cementerio de discográficas

  1. Hola Alberto, esta muy interesante tu articulo, te quería hacer una pregunta…¿No has pensado que estas discograficas actuales son demasiado influyentes como para que una nueva forma de ver el mercado las destituya?

  2. Buenas, ingenieroacomodado. Gracias por tu comentario. Pues sí, es cierto que no es habitual cambiar a los pesos pesados de un mercado rápidamente. Sin embargo, ya hay casos anteriores en los que grandes empresas, anteriormente mayoritarias en su sector, no han sabido renovarse y han caído estrepitosamente en muy poco tiempo. Tienes el caso de Blackberry, o incluso el de Nokia, aunque en menor medida. Es cierto que el campo de la tecnología y las telecomunicaciones no siempre responde como otros sectores más tradicionales, pero en este caso el mercado de la música se está viendo transformado por la eliminación de barreras de entrada…a través de la tecnología precisamente. 😉 No obstante añado, detrás de Spotify y muchas nuevas apuestas en el sector hay enormes lobbies defendiendo el interés de las discográficas, como tu dices. El tema es complejo, pero es un hecho que está cambiando.

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