La novela policíaca de Edward Snowden

Fotografía del tweet de Obama retwiteado meses  más tarde por Snowden
Fotografía del tweet de Obama retwiteado meses más tarde por Snowden

En Europa y Estados Unidos existe desde hace tiempo un debate que debido a la crisis económica actual y otros asuntos políticos ha sido relegado a un segundo plano, se trata de la frontera entre libertad y seguridad ciudadana. Sin embargo, un ex miembro de la CIA se ha encargado de traerlo de vuelta a la primera plana mundial en una trama propia de novela policíaca: Edward Snowden.

Desde hace mucho tiempo este tema ha sido causa de conflicto entre la población y sus gobiernos, que pretenden establecer un mayor control sobre sus ciudadanos alegando en muchos casos “medidas de seguridad”. En Estados Unidos (y en Europa), estos reglamentos de seguridad se han endurecido ante el miedo al terrorismo, lo cual de por sí no es malo, pero como suele ocurrir en estos casos, no se ha realizado de la mejor forma posible. Los documentos que Edward Snowden hizo públicos con la ayuda de varios medios de comunicación, han desvelado una maquinaria desproporcionada e ilegal, que atenta directamente contra los derechos de americanos, europeos y ciudadanos de todo el mundo, y directamente “espía” nuestras conversaciones telefónicas, nuestros mails, nuestra actividad en la red, qué páginas visitamos, qué vídeos vemos, que artículos compramos… lo pueden registrar absolutamente TODO a través de la estrecha relación entre la NSA y las compañías de telecomunicaciones que rigen la información del mundo Occidental.

Poco más tarde nos enteramos también de que se registraban los movimientos de información de numerosos países Europeos en Washington, quebrando uno de los tratados más importantes de colaboración entre USA y la UE, … y amenazando con romper lazos de amistad con viejos países “amigos”. Pero la reacción europea ha sido nula. Ninguna alta administración se ha quejado de manera contundente porque todos tenían intereses en estos programas: Reino Unido colaboraba con EEUU en el espionaje a Rusia, y la CIA y la NSA colaboraron con el servicio de inteligencia alemán de manera similar.

Diapositiva del programa PRISM que muestra la participación de las empresas
Diapositiva del programa PRISM que muestra la participación de las empresas

Independientemente del paradero de Snowden o de los conflictos diplomáticos de Evo Morales y toda la parafernalia que se está originando a su alrededor, no hay que perder de vista la gravedad del asunto. Esta situación es altamente comprometedora y, desde un punto de vista personal, no se le está dando en absoluto la repercusión mediática ni la importancia entre la sociedad que estos hechos requieren. Para empezar, constituye un gran golpe para Europa y los Estados Unidos de América, países abanderados de unos “derechos civiles” y de una “altura moral” que ha quedado literalmente vulnerada y por los suelos, reforzando posturas de gobiernos autoritarios como el de la Rusia de Vladimir Putin o China, con mayor legitimidad ahora para ejercer un mayor control si cabe sobre sus ciudadanos y aumentando la censura. Además, es un fuerte varapalo para la imagen de Obama, representante del cambio y Premio Nobel de la Paz, que justifica estos sistemas como medida de protección y como algo totalmente “normal”. Nada más lejos de la realidad. Este conjunto de hechos representa una de las crisis más graves de las democracias modernas, en las que los gobernantes cercenan derechos fundamentales de los ciudadanos sin dar ninguna explicación (como la 4ª enmienda), y sin pasar por el hasta ahora único medio para acceder a dicha información de los servidores, el judicial. Se “saltan” el equilibrio de poder propio de la democracia que deberían defender para atacar el derecho a la intimidad que todos tenemos, y excusándose en que es por nuestra “seguridad”.

Ante esta realidad, la respuesta en la sociedad ha sido muy tenue, escuchándose muchas veces expresiones como ¿Qué nos pensábamos, que esto no iba a pasar? ¿Qué las agencias de seguridad están de adorno?, y también la despreocupación personal de: “A mí que más me da, si yo no tengo nada que ocultar, mi información no le interesa a nadie.” Pues bien, todos estos pensamientos deberíamos retirarlos de nuestras mentes. Esta situación no es “normal en absoluto”, no deberíamos permitir que gobiernos elegidos democráticamente falten de una manera tan rotunda a las bases de nuestra democracia. No deberíamos permitir que empresas de telecomunicaciones se vean obligadas a compartir información con el gobierno sin un proceso judicial, o que puedan “trapichear” libremente con nuestra información. Tampoco debemos pensar que no tenemos nada que ocultar, puesto que la evaluación de la relevancia de tu información la toma el dirigente de turno, y los criterios pueden cambiar con mucha facilidad.

“Dame seis líneas escritas por el hombre más honesto, y encontraré una excusa por la que poderle colgar.” Cardenal Richelieu

Como contraposición, ha surgido algún movimiento social en la red como la iniciativa “Restore the Fourth”, o “Europe-v-Facebook”, pero su repercusión final no ha sido demasiada ni han cumplido las expectativas. Personalmente encuentro inquietante la indecisión entre las dos opciones a la que podemos optar ahora los usuarios; por un lado, sabemos que hay herramientas que permiten “evadir” el rastreo gubernamental (aunque en el fondo llamas más la atención), pero que acaban dificultando la utilización de internet y cuentan con severas limitaciones; por el otro, podemos utilizar los servicios que hemos venido utilizando hasta ahora, aun a sabiendas de que cada detalle de nuestra vida puede ser requerida por un gobierno sin la más mínima justificación. La sensación es similar al Gran Hermano de Orson Wells, en el que un gran Ministerio de la Verdad vela por nuestra seguridad, y a la vez se convierte en nuestro peor enemigo. Esperemos no llegar a ese extremo.

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